Durante un estudio de domótica en una vivienda, mientras revisábamos necesidades y sistemas de la casa, preguntamos al cliente por la calefacción. El cliente nos comentó que tenía un problema porque una habitación apenas calentaba. Aunque subiera la calefacción, nunca llegaba a estar confortable. El técnico que había ido a revisar le había dicho que la caldera estaba bien y en principio los radiadores también.
Al revisar la casa, pusimos la calefacción y vimos que el radiador se calentaba bien, tal y como le había indicado el técnico de la caldera.
Revisamos la instalación y enseguida vimos el problema. El termostato estaba en el salón y el salón tenía orientación sur. Por tanto el salón recibía bastante calor del sol durante el día y alcanzaba rápido una temperatura de confort que además mantenía durante algo de tiempo al ponerse el sol por la inercia térmica de esa estancia.
La habitación que estaba fría estaba orientada al norte y al no recibir apenas sol, se quedaba varios grados por debajo del resto apenas dandole tiempo a calentarse con la calefacción antes de que el termostato cortara.
No era un problema de radiadores ni de la caldera. Era una regulación básica basada en un único punto de la vivienda, además el más favorable. La solución pasó por sustituir el termostato por uno domótico y añadir cabezales termostáticos para domótica en los radiadores. Al medir la temperatura real de cada zona y poder regularlas de forma independiente, el confort mejoró de forma notable.
Para sorpresa del cliente, la factura de gas también bajó. Al poder programar por horarios y presencia, y dirigir la calefacción solo a las zonas que lo necesitaban, la inversión se amortizó en aproximadamente dos años.
